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Perdón: humor absurdo para acordarse de la infancia y no parar de reír

Sobre «Perdón», por Rocío Ortega

¿Cómo escribir sobre una obra que trata de dos adultos jugando a ser niños? Hablo de los actores, claro, porque los personajes no están jugando, ¿o sí? ¿Son adultos? ¿Son niños? Se portan de una manera extraña, poco común, ¿puede ser uno el inconsciente del otro? ¿Hay uno que está loco? ¿Están los dos locos?
Preguntas que no pueden responderse. En realidad, ¿por qué deberían responderse? Cuando éramos chicos nos preguntábamos muchas cosas, ¿pero cuántas nos respondíamos? Pocas, poquísimas. Sí jugábamos y sí nos reíamos y eso mismo pasa en Perdón, una comedia del dúo teatral Suttotos, integrado por Andrés Caminos y Gadiel Sztryk. Ellos juegan. Juegan con el espacio, el cuerpo, la voz, los gestos, la música. El público se ríe. Se ríe casi todo el tiempo.
Andrés es Javier y también “Javito”. Gadiel es Fabio, a veces “Fabito”. Son (o eran) mejores amigos. La llamada de Fabito a Javier lo convoca en su casa. Allí sucede una serie de conversaciones que los retrotraen al pasado, a la escuela primaria, a la infancia, a sus padres, a su amistad; y a este pasado lo recuerdan con actitudes propias de los niños: gritos, berrinches, llantos, miedos y enojos. Actitudes en las que, probablemente, nos recordamos a nosotros mismos.
Una alfombra, dos sillas y dos plantas que decoran el espacio. Los actores no necesitan más que eso para que sus personajes puedan moverse orgánicamente alrededor del escenario. Léase “moverse” como sinónimo de saltar, girar, golpear, empujar, abrazar, danzar, cantar e incluso tocar la guitarra.

» Ellos juegan. Juegan con el espacio, el cuerpo, la voz, los gestos, la música. El público se ríe. Se ríe casi todo el tiempo. «

Las repeticiones y la mímica son una constante en la obra; la música funciona como acompañamiento para desplazamientos coreográficos en el escenario y las canciones como parte del relato; las voces varían de altos a bajos y de graves a agudos (de ser Javier a convertirse en Javito y de ser Fabio a Fabito); los cuerpos se transforman: son estáticos pero son inquietos, son grandes pero pequeños, son tímidos pero extrovertidos, son fuertes pero livianos, son adultos pero son niños.
Con todo esto y muchas cosas que no sabría cómo explicar (¿y por qué deberíamos saber explicar algo como Perdón?), la obra es una comedia con personajes inocentes, queribles, divertidos y atrapantes. Las actuaciones de Gadiel y Andrés evidencian no sólo una gran capacidad física, vocal y humorística, sino también la complicidad y la amistad entre los actores, al igual que la que existe entre los personajes que se reencuentran veintiocho años después, mucho más grandes, pero igual de chicos.